Identidad profesional y barreras laborales. Lo que tu identidad no te permite ser.

Cada día hablo con ingenieras que piensan que son dependientes, marketeros que piensan que son administrativos y enfermeras que creen ser limpiadoras. También me encuentro con lo contrario: comerciales que se ven como directivos, diseñadoras que piensan que son empresarias y una gran cantidad de gente que ya no es capaz de acceder a un trabajo diferente porque no son capaces de superar el conflicto que genera con su actual identidad laboral.

El problema no es exclusivo de quienes optan a un puesto de trabajo. Desde los departamentos de selección también se construye una percepción de identidad de cada persona que participa en el proceso. De hecho, la imagen percibida, basada a menudo en sesgos o prejuicios, juega un papel clave en la selección de un candidato o candidata. Si nos parece que una persona se corresponde con la idea que tenemos de un directivo, la descartamos cuando nos solicita un puesto de menor responsabilidad. No encaja según nuestros estereotipos mentales.

Esto se convierte en una gran barrera cuando una persona está tratando de reorientar su carrera, cuando se encuentra en una situación complicada y debe encontrar un trabajo a toda costa, cuando se produce una reorganización estructural en una empresa, cuando formamos parte de una minoría (mayores, jóvenes, emigrantes…) y nuestras oportunidades son mucho más reducidas.

Por lo tanto, resulta de gran importancia trabajar en dos cosas: re-adaptar nuestra identidad laboral, que no debe ser una idea fija y menos en una sociedad tan cambiante como la actual; y construir una narrativa de identidad laboral que nos permita evidenciar y argumentar de forma contundente nuestra valía para un puesto.

Pero, ¿qué es la identidad (profesional)?

De manera sencilla resumiré que la identidad tiene dos dimensiones. Una dimensión psicológica basada en la memoria. Tú sabes que eres la persona tiene esta cara y este cuerpo, que creció en un entorno concreto, que estudió tal cosa en tal lugar, le pasó esto y aquello y que tiene tales aficiones y valores. Y, por otra parte, existe una dimensión social de tu identidad basada en los grupos con los que te identificas. Te identificas con un nivel socioeconómico, con un entorno cultural, con un tipo de empresas, de trabajo y de actividades. Ambas dimensiones tienen gran importancia en la construcción de tu identidad profesional. Se complementan y se retroalimentan, pero también generan disonancias y conflictos en tu vida.

La identidad no es homogénea. La identidad está compuesta por lo que podemos denominar “micro-identidades” basadas en los diferentes grupos con los que te identificas. Puedes considerarte mujer y también senior, puedes considerarte viajera y también liberal, católica y jurista. Hay categorías con las que nos identificamos y otras con las que nos desidentificamos por pura oposición. Estas micro-identidades toman mayor o menos protagonismo o importancia en función del momento, el contexto y la situación.

La identidad, por tanto, tampoco es permanente ya que influyen la memoria, el paso del tiempo y el cambio de contexto. Probablemente (a no ser que sufras una enfermedad neurológica o un trastorno psicológico) tú siempre te sentirás tú a lo largo de tu vida. Sabrás quién eres por mucho tiempo y acontecimientos que pasen. Pero no serás exactamente igual. Irás desarrollando nuevas identidades, irá cambiando la importancia y fuerza que toma cada micro-identidad a medida que vayas incorporando nuevas ideas, experiencias y relaciones.

¿Cómo afecta tu identidad profesional en la búsqueda de empleo?

Tal como adelantaba al comienzo del artículo, hay dos tipos de limitaciones que vienen condicionadas en gran medida por la identidad profesional o laboral.

Barreras internas: eres tú quien no se identifica con unas oportunidades laborales concretas. Cuando buscas un nuevo empleo haces el ejercicio, consciente o inconsciente, de evaluar tus oportunidades. ¿Qué puedo hacer? ¿Dónde puedo ir? Esto tiene dos implicaciones. Por una parte, es posible que por tu trayectoria previa te veas “encasillada” en un tipo de actividad profesional que no es la que deseas. Quizá piensas que ese no es trabajo para ti, porque no estás preparada. Quizá piensas que esa empresa no se corresponde con tu estatus. Quizá pienses que no tienes posibilidades de alcanzarlo.

Barreras externas: son otras personas quienes no te identifican con el puesto. Las personas en selección también te asignarán una identidad profesional. Según lo que ven de ti (o no ven) van a juzgar o prejuzgar si tú eres o no “uno de los nuestros”, alguien que se identificará con este trabajo, y con quien, a su vez, se identificarán el resto de las personas en la empresa. Cuando en selección pensamos que se produce esta compatibilidad, preferimos buscar a alguien que encaje mejor. Es lo que se denomina “homofilia”, la tendencia a agruparnos con personas que consideramos parecidas.

Aunque hay muchas empresas que abanderan la diversidad, la realidad es que ninguna empresa contrata a alguien que no tenga nada en común con el resto de las personas que trabajan en la empresa. Lo que la empresa hace es resaltar y fomentar unas micro-identidades por encima de otras, de manera que alguna diferencias sean secundarias. Esto ayuda a disminuir sesgos de género o raza o a veces de edad. Pero siempre se buscará la mayor vinculación posible entre la identidad profesional y el puesto a cubrir.

¿Cómo trabajar mi identidad profesional de cara a un nuevo reto profesional?

Las personas somos únicas y, aunque en selección se trabaje con perfiles, avatares o estereotipos, es importante que no pretendamos convertirnos en ellos y mantengamos nuestra propia identidad, nuestra individualidad. En ella está la diferencia. Otra persona puede ser mejor o peos que tú, pero nunca podrá ser tú. El éxito en lograr que te quieran por quién eres, no por lo que eres. Por eso, Lo importante a la hora de adaptarse a una nueva situación profesional es identificar las micro-identidades (previamente existentes en nosotros) que más se ajustan a la nueva situación y objetivo profesional. Cuanto más auténtica, honesta y personal sea tu conexión con el puesto, más probabilidad tienes de ser la persona idónea para el mismo.

En líneas generales puedes seguir los siguientes pasos:

  1. Repasa tu trayectoria: en lugar de mirar tu CV, repasa lo que has hecho en tu vida, dentro y fuera del trabajo, y trata de buscar allí conexiones únicas. A veces combinando cosas diferentes que has hecho, por trabajo, por afición o por necesidad, pueden surgir ventajas insospechadas para un trabajo concreto. ¿Has tenido que cuidar de alguien en tu familia, estudiaste finanzas, has escapado de una guerra, fuiste comercial de seguros? Parte de tu identidad se basa también en tus principios, valores y filosofía de vida. Muchos de esos aspectos personales pueden ser clave para la adaptación a tu nueva identidad profesional.
  2. Mantén un optimismo realista: debes aceptar tu realidad actual sin renunciar por ello a cambiarla. Es importante que partas de cuáles son los trabajos que por tu preparación (formación o experiencias) podrías hacer. Si no son trabajos para los que te has formado o en los que has tenido experiencia, entonces no son oportunidades reales para hoy. Lo serán mañana cuando compenses tus carencias.
  3. Pide retroalimentación: trata de encontrar fuentes de información lo más cercanas posibles para saber qué es lo que se pide y se valora para un puesto y concretamente en las empresas en las que deseas trabajar. Debes evaluar de verdad si ese es el contexto al que de verdad deseas adaptarte. Si deseas evolucionar hacia allí. Te sorprenderá la cantidad de cosas inesperadas que te pueden pasar simplemente indagando sobre ese nuevo trabajo o esa empresa.
  4. Desmonta los prejuicios: ya sabes qué trabajo quieres y puedes hacer. Ahora tienes que hacer explícitas las evidencias para desmontar cualquier duda que puedan tener sobre ti. Las primeras fases del proceso es posible que requieran modificar tu carta de presentación, CV y perfil público en la herramienta que estés usando para acceder a las ofertas (redes sociales, portales de empleo, web de la empresa…). Para las siguientes fases del proceso (entrevistas, dinámicas, pruebas…), es fundamental que trabajes tu narrativa con los hechos, datos, argumentos e historias que mejor evidencian tu adecuación al puesto y tu identificación con el mismo.

Trabajar sobre la identidad está muy conectado con lo que se conoce como “crecimiento personal”, que incluye elementos como el autoconocimiento, la exploración del entorno y el desarrollo de nuevas habilidades y mentalidades. Hay muchas formas diferentes, alternativas y complementarias de aproximarse a este proceso. Hay personas que lo trabajan desde la meditación, desde el entrenamiento de habilidades, desde la espiritualidad, desde el coaching… pero, si tienes una dificultad real y más profunda en este campo, recuerda que para la dimensión laboral existen asesores de carrera y para garantizar la salud mental en el desarrollo de la identidad están los psicólogos terapeutas. Tu identidad eres tú, así que no juegues con ella y tómate el proceso en serio.